jueves, 19 de abril de 2018

Irse a la porra

Durante la multitud de guerras medievales que dividieron europa en ambición de conquistar o defender un territorio o profesar o condenar una fe católica, las diferentes naciones formaron unos ejércitos más o menos peculiares, más o menos eficientes.

Entre una de las mejores máquinas humanas de guerra de la historia, se encuentran los tercios españoles que lucharon, principalmente en Flandes, durante los siglos XVI y XVII. A cargo de cada escuadrón, había un sargento mayor que dirigía la tropa en orden y concierto. Este sargento, dotado de una vara de mando alargada y culminada en un ostentoso adorno y que fue conocida entre la soldadesca como "porra", organizaba los tiempos y los descansos de la expedición. De esta manera, cada vez que la tropa paraba para reposar o acampar, el sargento clavaba su vara en la tierra para hacer saber que alrededor de la misma debía formarse el campamento.

Ocurría que, a veces, algunos soldados, en su afán de aventura y distracción, se alejaban demasiado del campamento poniendo en riesgo la vida individual y la estrategia grupal. Era entonces cuando eran llamados al orden y se les ordenaba que se "marcharan a la porra"; es decir, que regresasen al lugar donde la vara estaba clavada y no se movieran de allí.

La frase se ha mantenido hasta nuestros días y ha evolucionado hacia una manera más despectiva que imperativa. Cuando le decimos a alguien que se vaya a la porra, no le estamos ordenando marcharse a un lugar concreto sino que le estamos diciendo que nos molesta su presencia y no queremos tenerle cerca de nosotros. Importándonos poco, en su caso, a que lugar queremos que se marche.

sábado, 21 de octubre de 2017

Dejar en la estacada

Durante la época medieval, se hizo muy comón el dirimir las disputas en el campo de batalla.
Montados en su caballo y ataviados con sus mejores armaduras, los caballeros simulaban un enfrentamiento guerrero en el que el único factor común con una guerra de verdad era la muerte. De esta manera, lanza y escudo en mano, cabalgaban en paralelo a una empalizada de madera que separaba sus territorios, hasta encontrarse y clavarse la lanza, de tal manera que el que tenía más fuerza y, sobre todo, más pericia, clavaba su lanza sobre el torso o cabeza de su adversario, de tal manera que lo hacía descabalgar y, en la mayoría de las ocasiones, también morir.

Aquella empalizada de madera, al ser construida a base de estacas, pasó a ser conocida como estacada. De tal manera, cuando alguno de los caballeros quedaba frente al otro, dentro de los límites de la estacada, quedaba completamente desamparado de ayuda y amparado solamente por su propia suerte.

De esta forma, hasta hoy ha llegado el dicho de "dejar en la estacada" cuando se dice que alguien ha sido abandonado a su suerte, sin ningún tipo de ayuda y solamente a merced de su propio ingenio o pericia.

jueves, 26 de enero de 2017

Edad del pavo

El pavo es un animal que tiende a la sobreexcitación, gusta de sacar pecho, hacer ruidos extraños y su cabeza torna en un color rojizo cuando inicia el cortejo. Su mayor característica, además, es la de mostrar su plumaje en forma de abanico cuando ha de reafirmarse como el rey del corral. Es sensible a los cambios y huye del entorno hostil porque su única misión es la de enriquecer su ego frente a quienes le rodean.

El niño, cuando alcanza la pubertad, tiende a la sobreexcitación, gusta de hacer el pavo, se altera ante cualquier cosa y se enrojece ante cualquier comentario porque se siente preso de la vergüenza. Le gusta llamar la atención, se avergüenza de su entorno familiar y se convierte en un rebelde sin causa rodeado de amigos mientras busca estar guapo frente a su amor platónico.

Es por ello que al adolescente se le compara con el pavo, en cuanto se convierte en una persona irascible, sensible a los cambios y frugal en cuanto a los sentimientos. Y es por ello que conocemos la pubertad o adolescencia como Edad del Pavo.


jueves, 3 de noviembre de 2016

Chivo expiatorio

Durante la antiguedad, existía un ritual entre el pueblo judío, a través del cual intentaban expiar los pecados de la comunidad. Se trataba de sacrificar dos chivos de manera diferente, con el tal de dar representación del bien y del mal y conseguir, así, que su Dios se sintiese congratulado por el sacrificio.

Al primer chivo, bautizado como Yahvé, se le sacrificaba en forma de ofrenda al creador. Aquel era el "afortunado" puesto que moría en nombre de Dios. Al segundo, bautizado como Azazel, se le abandonaba en el desierto para que pereciese tras la agonía del abandono. Este era el desafortunado puesto que moría en nombre de los hombres.

A este último, Azazel, se le terminó conociendo como el chivo expiatorio, puesto que era él que pagaba por los pecados de la comunidad. De esta forma ha llegado así el término hasta nuestros días. Cada vez que se busca un culpable, se suele señalar a alguien que, generalmente, no tiene ninguna culpa, para que cargue con toda la responsabilidad. A esta persona inculpada injustamente se la conoce como "chivo expiatorio".


jueves, 19 de mayo de 2016

A la vejez, viruelas

Durante el siglo XVII comenzó a expandirse una enfermedad que afectaba a la gran mayoría de la población en edad infantil o juvenil. Dicha enfermedad se presentaba en forma de granos y pústulas que cubrían el cuerpo del enfermo hasta producirle una picazón insoportable. Dicha enfermedad se bautizó como viruela y bautizó, a su paso, a otro tipo de erupciones como podían ser las alérgicas o hasta el acné juvenil.

En 1824 se estrenó en el Teatro Español de Madrid, la obra del dramaturgo Manuel Bretón de los Herreros, "A la vejez viruela". En ella se contaba la historia de una pareja de ancianos que terminan cortejando a un par de jóvenes de las que se habían enamorado. Venía a decir el título de la obra que los dos ancianos venían a hacer lo que no habían hecho durante el resto de su vida, enamorarse perdidamente de alguien, poniendo la enfermedad como símil de que a la vejez tener sentimientos de juventud. Usando como símil una enfermedad, la viruela, que solamente se padece durante la infancia o pubertad.

A raíz de entonces, se popularizó el dicho "a la vejez, viruelas" cada vez que un hombre de edad adulta vivía una experiencia propia de un niño o un jovencito. Como en la historia de Bretón de los Herreros en la que dos ancianos se enamoran de dos jovencitas.


jueves, 25 de febrero de 2016

Marcharse a la francesa

En la alta sociedad francesa del siglo XVIII, las fiestas entre nobles se convirtieron en todo un acontecimiento social. Tal era la reputación y el empeño puesto en la preparación de las mismas que, llegado el momento, todo el mundo tenía la obligación de sentirse a gusto en las mismas. Por ello, cuando uno de los invitados sentía la tentación o necesidad de marcharse, lo hacía sin despedirse, puesto que aquello era intepretado por los anfitriones como una falta de respeto ya que podía considerarse que la persona se marchaba porque consideraba que la fiesta no estaba a la altura, lo que se consideraba una ofensa para el organizador.

De esta manera, se convirtió en costumbre el marcharse sin despedirse para todo aquel que no quisisese aguantar hasta el final de la fiesta. Para tratar de no ofender, se escabullía como podía y su marcha pasaba desapercibida. Fue así que aquella forma de despedirse pasó a conocerse como "sans adeu". Sin adiós.

De esta forma, esta manera de marcharse sin decir adiós pasó a ser conocida como "marcharse a la francesa", y lo que en un principio era considerado como un símbolo de buena educación, paso a convertirse en todo lo contrario. Si hoy en día alguien se marcha a la francesa, es decir, sin despedirse, pasa a ser considerado como un maleducado.

jueves, 19 de noviembre de 2015

Poner en tela de jucio

El Imperio Romano concibió los primeros grandes proyectos de Estado tal y como hoy los conocemos. Su ingeniería y arquitectura aún inspira a muchos de los proyectos actuales, pero por si algo se distinguieron del resto de imperios anteriores fue por el dictado de sus leyes. El derecho romano puso la primera piedra a lo que más tarde se terminaría convirtiendo en las particulares judicaturas nacionales.

El sistema romano impuso los juicios de la manera como hoy los conocemos. Quizá no con tanta sofisticación ni oportunidades de defensa para el acusado, pero al menos se reunían, daban oportunidad a las partes y dictaban sentencia. Pero los juicios no eran sino la última fase de una serie de pesquisas que comenazaban con la negociación en la empalizada.

La empalizada no era otra cosa que un lugar cerrado donde se discutían los asuntos que eran suceptibles de ir a juicio. Aquella empalizada, derivado su nombre al romano, se conocía como "tela". Era por ellos que se decía que los casos estaban en la tela. De ahí saldrían los pleitos que se resolverían mediante juicio o los que derivarían directamente en una sanción sin proceso previo.

Es por ello, que desde entonces, decimos, cuando nos cuentan algo que no terminamos de creernos, por inverosímil o por incoherente, que preferimos ponerlo "en tela de juicio", es decir, preferimos verificar los hechos, contrastar los sucesos y si averiguamos que es cierto, entonces darle la calidad de real.

jueves, 24 de septiembre de 2015

Armar la marimorena

En la segunda mitad del siglo XVI, existía, en la Cava Baja madrileña, una taberna de postín y trago largo, regentada por un matrimonio bien avenido. Él era Alonso de Zayas y de ella se sabe que tenía por nombre María y sus cabello, al igual que su tez, eran de color moreno. Debido a ello, y a que aquella señora María llevaba el gobierno de la taberna y del matrimonio, se dio llamar a aquella tasca el nombre de taberna de la María Morena. Una mujer de armas tomar según dieron fe los posteriores escritos.

Ocurrió que cierto día acudieron a beber a la taberna algunos soldados, fatigados, que regresaban de los tercios. Como quiera que la única sed que avivaba su ánimo era la del buen vino, solicitaron al tabernero unos pellejos que colgaban de una de las paredes del establecimiento. Ante la negativa del dueño a servirles aquel vino, alegando que el mismo estaba reservado para clientes de mayor postín, los soldados organizaron una sonora protesta que terminó en bronca descomunal.

No hubiese sido tanta la fama de la tabernera de no haber sido ella la mayor protagonista en aquella pelea. María Morena repartió lo suyo y lo de su marido. Volaron sillas, hubo sangre, cayeron dientes y algún hueso hizo croc. Ya en el calabozo, cada uno de los participantes en el alboroto dio su versión de los hechos y en lo que todos coincidían era en la bravura y fuerza de la tabernera.

Desde entonces, en los corrillos populares de la ciudad, a cualquier algarabía, alboroto o pelea producida en las calles se le llamó "armar la marimorena". Aquella expresión fue extendiéndose hacia el resto de España hasta el punto de que ante cualquier bullicio de carácter público y colosal, solemos decir que "se ha armado la marimorena". Y todo en homenaje a la esposa del dueño de la vieja taberna situada en la Cava Baja madrileña.

lunes, 20 de julio de 2015

Hacerse el sueco

Durante la antigua Grecia, y posteriormente en Roma, el teatro se convirtió en uno de los entretenimientos preferidos de la clase alta. En un recinto debidamente confeccionado para la ocasión, los actores saltaban a un escenario desde el que nacían varias filas de gradas, para recitar una obra aprendida de memoria y con el fin de satisfacer el deseo de goce de los asistentes.

Para ganar altura en las tablas, junto a los hombres que solían ser más altos, las mujeres comenzaron a calzar un zapato de madera que pasó a llamarse soccus (más adelante, lo conocimos como zueco). Aquel calzado, aparte de distinguir a las mujeres en el escenario, fue utilizado por los hombres cuando estos escenificaban una comedia, pues este calzado les convertían en más vulnerables visualmente, a la vez que toscos y torpes.

Semejante manera de actuar de los comediantes, calzado con aquellos aparatosos zuecos, caló entre el populacho y fue por ello que cada vez que alguien no quería enterarse de algo o se hacía el desentendido, se decía que actuaba como un actor con sus soccus, de manera torpe, mostrándose como poco inteligente, por lo que se comenzó a llamar a esas personas como soccus primero, zueco más tarde y sueco de manera definitiva.

De esta forma, cada vez que alguien hace como que no se entera de algo o quiere hacer ver que aquello no va con él, decimos que se está haciendo el sueco. No le interesa meterse en ese charco; prefiere hacerse el tonto y el torpe y que venga otro detrás, con menos comedia, a resolver el problema.


lunes, 25 de mayo de 2015

Sembrar cizaña

La cizaña es un cereal muy parecido al trigo cuyo grano es nocivo para la salud. Al crecer junto al trigo puede llegar a confundirse con el mismo y mezclar sus granos con él en lo que puede resultar una mezcla dañina.

En una de las parábolas mas recurrentes del nuevo testamento, se habla de que Jesús ordenó a sus discípulos separar el trigo de la cizaña desde su nacimiento, el único momento en el que ambos eran distinguibles pues, de lo contrario, ambos crecerían juntos, se mezclarían y el mal trigo terminaría destruyendo toda la cosecha.

En términos cuantitativos y extrapolando la parábola a la vida cotidiana, el sembrar la cizaña viene a ser sembrar, mediante la palabra, el mal contra otra persona. Cuando alguien se dedica a hablar pretenciosamente contra alguien y termina convenciendo a la masa de la culpabilidad de alguien que realmente no lo es, decimos que esa persona ha sembrado la cizaña. Ha sembrado un mal cereal para que crezca sobre la persona a la que le atacará la duda y se verá acusado, por causa de la envidia o el odio, de algo que probablemente nunca cometió.

jueves, 23 de abril de 2015

A buenas horas mangas verdes

Durante el reinado de los Reyes Católicos, concretamente en las Cortes de Madrigal celebradas en 1476, se aprobó la creación de un cuerpo de seguridad que velase por los aldeanos que vivían, generalmente, como familias aisladas, en pueblos y caminos. Este cuerpo, formado por la unificación de varias cofradías, se bautizó como la Santa Hermandad y, extrapolado al día de hoy, podemos decir que fue el primer cuerpo policial organizado de la historia de España.

La vestimenta de los miembros de la Santa Hermandad consistía en un coleto largo de cuero claro y, debajo, una camisa de color verde cuyas mangas asomaban de manera visible. Fue por ello que, popularmente, fueron conocidos como "los mangas verdes". En un principio fueron muy eficaces pero, con el tiempo el cuerpo fue degenerando hasta convertirse en un conglomerado de tipos vagos e ineficaces que llegaban a los lugares cuando ya se había perpretado el delito. Fue por ello que se hizo popular el dicho de "a buenas horas mangas verdes". Bien por miedo a enfrentarse al delincuente o bien por vagancia, resultó que casi nunca llegaban a tiempo.

Por ello, la frase "a buenas horas mangas verdes", se ido usando a lo largo del tiempo para expresarle a alguien la molestia por no haber llegado a tiempo de resolver un problema. Cuando necesitamos la ayuda de alguien y ese alguien llega cuando esa ayuda ya no es necesaria, le decimos: "a buenas horas, mangas verdes".

miércoles, 8 de abril de 2015

Me importa un pito

En la antigua milicia, el portador del pito tenía la figura simbólica de encabezar las tropas e ir tocando una especie de silbato que ayudaba a la marcha de la formación. Generalemente se trataba de jóvenes sin rango militar que se echaban a un lado a la hora de la batalla y cuyo papel en el ejército no era más que testimonial. Tocaban el pito y poco más.

Su paga era la mínima y su poder de decisión era totalmente nulo. Por ello, cada vez que hablaban, eran escuchados con total displicencia. Fue por ello que cada vez que una frase atronaba los oídos de alguno de los soldados, estos, para recalcar la indiferencia que les producía, solían decir que aquello les importaba un pito. Es decir, no le daban más importancia que lo que pudiese decir el chico que se encargaba de tocar el pito. Lo que era nada o casi nada.

Dicha expresión la hemos adoptado en nuestros días para recalcar que algo no nos importa nada. Nos pueden decir que fulanito ha dicho algo de nosotros y nosotros contestar "me importa un pito"; es decir, me da igual lo que digan.

martes, 31 de marzo de 2015

Por h o por b

Durante los pasados años académicos, y debido a la similitud fonética entre la "b" y la "v" y el sonido mudo de la "h" cuando va sola en alguna palabra, era común que muchos alumnos, confundidos por la etimología de las palabras, confundieran la ortografía en los exámenes y cambiasen alguna "v" por una "b" u omitiesen alguna "h" en la redacción.

Para conseguir que los alumnos no repitiesen el error cometido, era frecuente que los maestros suspendiesen todos aquellos exámenes que tuviesen una falta de ortografía. Compungidos, al llegar a cada, los chicos entregaban los boletines a sus padres alegando que les habían suspendido por una "h" o por una "b". De ello que se hiciera frecuente la expresión: "Por h o por b, me han suspendido".

Es por ello, que bien para excusarnos, o bien para tratar de explicar los impedimentos que nos han surgido a la hora de llevar a cabo una tarea que no hemos podido concretar, solemos decir que, por diversos motivos o a causa de ciertas trabas, "por h o por b", no hemos podido conseguirlo.

martes, 17 de marzo de 2015

Brillar por su ausencia

Era costumbre que, en la antigua Roma, los funerales se celebrasen con una serie de retratos realizados en cera, junto al féretro del fallecido, en representación de los antepasados del mismo. De este modo, cada fallecido llevaba en su pompa fúnebre un retrato de su padre, madre, esposa o hermanos en caso de haber fallecido uno de estos.

Ocurrió que, durante el funeral de la dama Junia, esposa de Tasio y hermana de Bruto, ninguno de los dos, en forma de imagen de cera, estuvo presente en los responsos en calidad de antepasado ilustre de la fallecida. Se dio el caso de que, al haber sido ambos, conspiradores principales del asesinato de Julio César, el senado les terminó nombrando traidores y les dio muerte sin honor. Por ello, la presencia de ambos no tenía sentido en un funeral de estado al ser considerados como traidores al imperio.

Como consecuencia de lo acaecido en el funeral de Junia, el poeta Tácito, en sus anales, escribió el siguiente verso: "Delante de la urna fúnebre llevaba a sus antepasados, entre todos los héroes que, presentes a nuestros ojos, provocaban el dolor y el reconocimiento, Bruto y Tasio brillaban por su ausencia".

De esta forma, Tácito resaltó la importancia de la ausencia de los dos familiares de Junia por delante de la presencia de todos los demás. Su ausencia brilló por encima de las presencias, una ausencia que recorrió Roma de boca en boca y el mundo pudo terminar rememorando gracias a los poemas de los cronistas.

Así, cada vez que alguien no está en el lugar en el que se le espera o donde sí debería estar por obligación moral o por ser personaje ilustre en la escena, su ausencia, al ser mucho más destacable que la presencia del resto de asistentes, resulta brillante. Es decir, brilla por su ausencia.

jueves, 19 de febrero de 2015

De punta en blanco

Durante la Edad Media eran habituales los torneos o combates entre caballeros. De igual forma, los grandes caballeros, entendidos como nobles de casas con abolengo, eran los que siempre iban mejor equipados en los combates de guerra. Como quiera que aquellos años fueron propicios en guerras, disputas y retos en los que se ponía en juego la tierra y el honor, eran muchas las ocasiones en las que los caballeros ponían en riesgo su vida en pos de derrotar a algún enemigo en la contienda.

Para llegar en la mejor forma física posible a sus duelos, los caballeros entrenaban con sus armas casi a diario. Aquellas armas de entrenamiento eran, generalmente, de madera o de latón ennegrecido. El material, debido a su baja calidad, terminaba perdiendo el color y quedando practicamente opaco a medida que la práctica del entrenamiento iba en aumento.

Sin embargo, el día del combate, aquellas armas melladas y descoloridas quedaban en la armería y los caballeros cabalgaban en sus monturas con sus mejores galas. Entre sus armas, las espadas estaban tan pulidas y brillantes que producían un color blanquecino al recibir los rayos del sol. Aquella punta blanca reluciente quedó como identidad del poder del caballero para deslumbrar. Por ello, se decia, debido a aquella punta de espada brillante, que los caballeros salían de su castillo, prestos al combate, de punta en blanco.

La expresión, a día de hoy, se ha extrapolado para referirse a las personas que van pulcramente vestidas, con elegancia y con la ropa totalmente impecable. Lo que viene siendo, vestir de gala.

lunes, 19 de enero de 2015

A troche y moche

Durante las épocas en las que, en ciertas zonas, la madera se convirtió en la gran materia prima tanto en construcción de hogares como combustible para calefacción, los leñadores se convirtieron en hombres necesarios y afamados que, hacha en hombro, se adentraban en los bosques para talar árboles como si la propia vida les fuese en ellos. Al golpe seco para hondar en el tronco, se le conocía como troche, y el golpe más de canto para limpiar el corte de residuos, era el moche. Así, los leñadores troceaban y mocheaban sin parar, una y otra vez, una y otra vez.

De esta manera, cada vez que alguien realiza una actividad sin orden ni concierto, sin sentido de la medida, decimos que lo hace a troche y moche, pues, como los antiguos leñadores, hacen las cosas sin parar, en exceso y sin detenerse a considerar daños o perjuicios.

jueves, 18 de septiembre de 2014

Pagar el pato

Uno de los pasajes del Génesis bíblico reza lo siguiente: “Te pondré al frente de naciones y reyes saldrán de ti. Haré un pacto contigo y con tus descendientes para ser siempre yo su Dios. A Sara tu mujer la bendeciré y te dará un hijo el cual bendeciré….”. Gracias al mismo, los judíos presumían en público de tener un pacto con Dios por el cual estaban destinados a gobernar el mundo. En una época, la alta Edad Media en la que los judíos, por poder económico y social, eran vistos con recelo, la turba católica se echó encima de sus bienes para justificar su herejía. No valía con creer en Dios. Había que creer en Dios de la manera que ordenase la iglesia católica.

No existieron muchos conatos de piedad. A medida que los católicos se fueron haciendo poderosos, los judíos eran apartados de sus comunidades hasta el punto de ser expulsados del país. Se les culpaba de todo y, como coartada para ello, les indicaban que estaban pagando por el pacto contraído por Dios. Para la iglesia católica no podía existir tal pacto. La frase "pagarás el pacto" se fue popularizando con el tiempo y acomodando al lenguaje coloquial. El pacto se convirtió en pato, así hasta que siempre que alguien cargaba con las culpas de un delito o incidente que no había cometido, se decía que estaba pagando el pato.

Pagar el pato pues, significa cargar con la culpa ajena. Pagar por algo que no has cometido.

martes, 29 de julio de 2014

Tomar por el pito del sereno

Durante el siglo XVIII comenzó a hacerse popular, en las ciudades españolas, la figura de un vigilante nocturno que se dedicaba a cantar la hora y dar el parte metereológico. Como quiera que la mayoría de las veces el cielo estaba despejado, dicho vigilante terminó cantando la hora acompañado de un "sereno" que se traducía tiempo tranquilo y que terminó convirtiéndose en el apodo por el que fue reconocida la figura.

El sereno hacía su ronda acompañado de un bastón y un silbato. Igual daba la hora y el parte que guardaba la llave de los portales de la zona para poder abrir las puertas a los vecinos que llegasen tarde a casa. El silbato lo utilizaba para avisar a las autoridades si se producía algún altercado. Sonaba el pito y la policía o los bomberos llegaban para detener a los alborotadores, apagar algún fuego o rescatar a algún ciudadano de su apuro.

Ocurrió que la mayoría de los serenos terminó por tomarse su trabajo demasiado en serio y fueron muy estrictos en su labor. Ante cualquier altercado, por ridículo que fuese, terminaban haciendo sonar el silbato. Igual que le ocurrió al pastor que engañaba al pueblo con la llegada ficticia del lobo, las autoridades terminaron por hacer caso omiso ante la llamada de atención del vigilante. Con el paso del tiempo, el pito del sereno dejó de ser considerado en serio y se convirtió en chanza para saber hacer a alguien que no le tendrían en consideración y que no valorarían ninguna de sus palabras o consejos.

miércoles, 11 de junio de 2014

Dorar la píldora

Hace unos siglos, cuando la medicina incorporó a la química y los laboratorios se convirtieron en boticas, los instigadores boticarios se convirtieron en el camino más corto hacia la panacea de los enfermos. Cualquier paciente con síntomas de dolor incontrolable podía acudir a la botica con una receta del médico y, allí mismo, el boticario les preparaba la medicina para el alivio de sus molestias.

Solía ocurrir que para la composición de los medicamentos, el boticario utilizaba infinidad de elementos químicos la mayoría de los cuales tenían un sabor demasiado amargo para el paladar. En la época en la que se comenzaron a fabricar medicamentos en forma de comprimido, las píldoras, en muchas ocasiones, eran imposibles de digerir. Para ello, los boticarios idearon una solución que era recubrir las píldoras de azúcar y pasarlas a fuego hasta lograr una textura y sabor mucho más agradable para el paciente.

Con el paso del tiempo, la expresión "dorar la píldora" terminó usándose para casos en los que se quería edulcorar una mala noticia. Cuando tenemos que contarle algo a alguien que no le va a gustar, intentamos disfrazar la realidad para contarle la noticia de manera que no le suponga un mayor trauma. Cuando hacemos eso, hablamos de dorar la píldora. Edulcoramos el amargor de la noticia igual que los boticarios de antaño edulcoraban el amargor de la medicina.

martes, 14 de enero de 2014

A ojo de buen cubero

Los cuberos eran los tipos encargados de elaborar cubas. Las cubas, generalmente elaboradas en madera y destinadas a la contención de líquido, generalmente vino, no tenían un tamaño establecido por consenso. Era una época, la medieval, en la que no existían medidas establecidas y en cada cuba debía caber, más o menos, un quintal de vino. Como no se conocían las medidas exactas que debería tener una cuba para que en la misma cupiese un quintal, los cuberos elaboraban las mismas siguiendo una estimación propia y, aunque no realizaban dos cubas iguales, sí que realizaban cientos de cubas muy similares. Es por ello que era considerado como buen cubero, aquel que realizaba las cubas de la manera más exacta de manera que en las misma pudiese entrar al menos un quintal de líquido.

De esta manera, a día de hoy, cada vez que hacemos un cálculo estimativo o tiramos un tanteo para opinar sobre la capacidad o la unidad contenida en algún envase o lugar, solemos tirar de la frase "a ojo de buen cubero", queriendo decir que no sabemos con exactitud la cifra por la que estamos apostando, pero que estamos seguros de estar aproximándonos mucho a la cifra real.