
De esta manera, se convirtió en costumbre el marcharse sin despedirse para todo aquel que no quisisese aguantar hasta el final de la fiesta. Para tratar de no ofender, se escabullía como podía y su marcha pasaba desapercibida. Fue así que aquella forma de despedirse pasó a conocerse como "sans adeu". Sin adiós.
De esta forma, esta manera de marcharse sin decir adiós pasó a ser conocida como "marcharse a la francesa", y lo que en un principio era considerado como un símbolo de buena educación, paso a convertirse en todo lo contrario. Si hoy en día alguien se marcha a la francesa, es decir, sin despedirse, pasa a ser considerado como un maleducado.